Con motivo de la celebración del Día Mundial de las Ciudades este próximo 31 de octubre, aprovechamos la perfecta oportunidad para hacer un recorrido por algunos de los núcleos urbanos más emblemáticos de Euskal Herria, territorio que, a lo largo de su historia, ha visto florecer villas, ciudades y pueblos de una belleza y riqueza cultural inigualables.
Cada rincón esconde secretos y curiosidades que, junto con sus características urbanísticas, da forma a las ciudades que conocemos hoy en día. Nos adentramos en un itinerario en el que desvelaremos los aspectos que, aunque muchas veces pasan desapercibidos, son esenciales para entender la identidad de nuestros territorios.
Resurgir de las cenizas
Nos dirigimos en primer lugar a la elegante Donostia, una ciudad que ha enamorado a generaciones por su gastronomía y su estilo francés en la arquitectura, propio de la Belle Époque, una ciudad cuya Parte Vieja que hoy visitamos con sus bares de pintxos y su bullicio turístico es fruto de una reconstrucción casi total.
En 1813, durante la Guerra de la Independencia, Donostia fue devastada por un incendio que arrasó prácticamente toda la urbe. Solo una parte muy reducida, alrededor de la iglesia de San Vicente, se salvó de las llamas. Tras esta tragedia, la Parte Vieja fue reconstruida siguiendo un trazado más regular y ordenado, lo que le dio el aspecto que conocemos hoy.
Dicho evento supuso un antes y un después para la ciudad, transformando no solo su urbanismo, sino también su identidad. Pese a esto, la Parte Vieja conserva su espíritu rebelde y su vibrante vida social, siendo uno de los lugares más concurridos y característicos de la ciudad. Algunos de sus bares de pintxos más longevos y, que no nos podemos perder, son Bar Martínez 1942, Bar Txepetxa, Bar Néstor, Bar Tambo o Bar Gandarias.
Donostia ha sabido combinar su pasado con una modernización constante, adaptándose a las necesidades de una población cada vez más diversa y cosmopolita. El crecimiento hacia los barrios más nuevos y la ampliación del paseo marítimo son ejemplos claros de cómo una ciudad puede preservar su esencia al mismo tiempo que se proyecta hacia el futuro. Por lo que recomendamos no saltarse la playa de La Concha, -imagen que todos asociamos con la ciudad-, y el barrio de Gros -el más joven y surfero de Donostia gracias a su Playa de la Zurriola-.
Calles con historia
Hacemos una parada en Gasteiz, capital de Euskadi, una ciudad que ha sabido evolucionar sin perder de vista sus orígenes medievales. Una de las curiosidades más interesantes se encuentra entre sus calles, especialmente si nos centramos en la calle Cuchillería. Este nombre no es casual, ya que en la Edad Media, la ciudad estaba organizada por gremios y cada gremio ocupaba una calle específica.
De esta forma, en la calle Cuchillería se ubicaban los artesanos que trabajaban con cuchillos y herramientas de corte. Un legado que aún se siente hoy en día, tanto en el nombre de la calle como en la conservación de algunos edificios que datan de la época.
Gasteiz, además, es un ejemplo perfecto de planificación urbana sostenible. Y es que en las últimas décadas ha sido reconocida por su Anillo Verde, un conjunto de parques y espacios naturales que rodean la ciudad y que han permitido una convivencia armoniosa entre la naturaleza y el crecimiento urbano, hecho que defiende a pulso su título de Green Capital.
Esta visión de sostenibilidad contrasta con su pasado industrial y muestra cómo las ciudades pueden reinventarse para afrontar los retos medioambientales del siglo XXI.
Aparte, el casco medieval de Gasteiz, con su forma ovalada, sigue siendo uno de los mejor conservados de Europa, y sus calles estrechas y empedradas son un recordatorio del pasado que convive con las propuestas urbanísticas más avanzadas.
Más allá de los Sanfermines
Continuamos nuestro recorrido en Pamplona, conocida mundialmente por los Sanfermines, pero con una historia y un trazado urbano que van mucho más allá de esta famosa fiesta. Uno de los aspectos más curiosos es el origen de algunas de sus calles, como la calle Estafeta, famosa por ser uno de los tramos del encierro. Y es que su nombre proviene de la palabra estafeta, que era el lugar donde antiguamente se entregaba y recibía el correo. Esto da cuenta de la importancia logística y comercial de esta vía.
Fundada por los romanos, Pamplona ha sabido aprovechar su ubicación estratégica para crecer y adaptarse a lo largo de los siglos. La Ciudadela, una de las fortificaciones mejor conservadas de Europa, es un ejemplo de cómo la planificación militar marcó el desarrollo urbanístico de la ciudad. Reconvertida en un espacio cultural y de esparcimiento, simboliza la manera en la que Pamplona ha sabido integrar su pasado bélico con las necesidades modernas de una ciudad vibrante y abierta.
La villa con esencia de ciudad
Finalizamos nuestra ruta en Bilbao, aunque no recibe la catalogación de ciudad sino de villa. Este título le fue otorgado en 1300 por el Señor de Bizkaia y, aunque hoy en día la asociamos con una gran urbe moderna y dinámica, el título de villa sigue intacto. No obstante, más allá de su nomenclatura, Bilbao es uno de los núcleos más importantes y representativos de Euskal Herria.
Habiendo experimentado una profunda transformación urbanística en los últimos siglos, pasando de ser una villa mercantil rodeada de montañas y anclada en el comercio marítimo, a convertirse en una ciudad vanguardista, nos detenemos para observar su notable evolución, sobre todo, con la reconstrucción de su representativa Ría.
No obstante, sus calles más antiguas aún conservan la esencia en tiempos pasados. Un ejemplo es la estructura de su Casco Viejo, popularmente conocido como Zazpikaleak, que sufrió un profundo proceso de transformación tras las inundaciones de 1983, basado en una rehabilitación de los edificios existentes.
Este suceso fue uno de los detonantes para que se iniciara un proceso en el que se definieran las directrices de una nueva ciudad, que hoy día plantea varias opciones para prevenir las riadas. Por lo tanto, no solo es el corazón histórico de la villa, sino también un testimonio del ingenio urbanístico de épocas pasadas que se adapta a las nuevas necesidades del Bilbao moderno.