Cualquier viajero que se anime a recorrer Cantabria tiene la seguridad de que descubrirá algún rincón escondido que le haga abrir la boca tanto por asombro como por entusiasmo. Da igual que sea por la costa o por el interior, nadie se irá defraudado.
Entre los pequeños valles del interior destaca por lo poco conocido que es entre excursionistas y amantes de conocer la forma de vida más tradicional de la comarca el municipio de Santa María de Cayón, en la entrada de Valles del Pas. Y más teniendo en cuenta que apenas se encuentra a 20 kilómetros de Santander.
Lo componen una decena de localidades que, de este a oeste, son Esles, Lloreda, Totero, Santa María de Cayón, La Abadilla, Sarón, La Encina, La Penilla, Argomilla y San Román. Juntos ofrecen una combinación de virtudes naturales, patrimoniales y gastronómicas de la más alta categoría.

La iglesia de San Cipriano de Esles.
Desde Esles a Sarón
Para abrir boca, la ruta puede empezar en Esles. Desde el punto de vista arquitectónico, está considerado como el más importante en lo que se refiere a patrimonio arquitectónico de la comarca. En él se pueden ver numerosas casas señoriales blasonadas ubicadas en amplios jardines, alternadas con casas tradicionales. Su iglesia parroquial de San Cipriano, del siglo XVII, con una torre de corte moderno levantada el pasado siglo. La ermita de San Antonio Abad completa el patrimonio religioso en el pueblo, pero a la salida en dirección a Lloreda se puede visitar la ermita de San Vicente, que cuenta con un cementerio altomedieval en su interior excavado en la roca.
Pero son las casas hidalgas y solariegas las que más llaman la atención, como la Casona Córdoba, la finca Caolía y las de la familia Gutiérrez de la Concha.
La siguiente parada es Totero, un pequeño núcleo embutido en una ladera que, a pesar de su crecimiento, mantiene un núcleo central en el que la arquitectura tradicional cántabra se conserva en todo su esplendor. De su pasado medieval hablan los restos de una torre militar que vigilaba esta zona del valle. Esta especial ubicación hace de Totero un excelente campo base para actividades al aire libre como el senderismo o la bicicleta de montaña.
Santa María de Cayón es la capital del municipio. Un edificio con torre de reloj es la sede de la política municipal. En su entorno también abundan las casas señoriales, como la Casa Torre o la Torre de los Ocejo. A ello se unen la ermita de San Miguel, el Humilladero de San Fernando o el lavadero del Churro.
Sarón cierra este tramo como núcleo comercial del municipio, ya que es la población con más habitantes. Es el centro social, ya que desde 1929 cuenta con un mercado que es el escenario de ferias y encuentros gastronómicos. También es la sede de la Biblioteca Jerónimo Arozamena. Además, fue un importante nodo de comunicación con la estación del ferrocarril entre Guarnizo y Ontaneda.
La Encina y San Román, hacia occidente
La localidad de La Encina es la más pequeña del municipio y tiene en la iglesia de San Julián su centro, ya que, aunque diseminadas, las casas se han construido a su alrededor. Otras edificaciones arquitectónicas destacadas son la casa montañesa con reloj de sol, el escudo de armas de Obregón y Alianzas, y los dos molinos: el de ruedas y el del Torrentero.
La ruta avanza hacia La Penilla, que, a pesar de lo que parece, su nombre deriva de pino y no de pena. Aquí no hay que dejar de visitar la iglesia de la Magdalena y las ermitas de San Antonio y de San Miguel de Cardeña. Entre los edificios civiles, la Torre de los Obregón destaca sobre el resto de las edificaciones.
La siguiente parada es Argomilla, en la que dos edificios destacan sobre el resto, y eso que hay mucho que admirar: la iglesia de San Andrés, del siglo XII. Nació como abadía, pero pasó a ser una iglesia parroquial en el siglo XVII, cuando se le añadieron la torre sobre la portada, la sacristía y una galería cubierta.
El otro edificio es el Palacio de Ceballos, conocido también como Casa de Ceballos El Caballero, construido en el siglo XVII. Esta familia también se encargó de San Andrés, en cuyo muro colocó su propio escudo.
San Román cierra el recorrido y en esta localidad se resume todo el patrimonio, desde el entorno natural en el que se ubica hasta la confluencia de la vieja arquitectura, que se puede ver en el Palacio de los Ceballos, que también tenía posesiones aquí, o el remozado hórreo, que se ha reconvertido en planta de energía solar.