Como desarrollador web desde hace 15 años y artista freelance, Héctor Villar Mozo (22/03/1990, Barakaldo) crea ilustraciones interactivas que salen de la pantalla y con las que el espectador puede interactuar y “dejarse sorprender”. Desde el toro del Gernika vestido de urban wear hasta un retrato de Van Gogh con el mismo chándal que vestía Flavor Fav (Public Enemy) en los 80, le gusta mezclar iconografía histórica con estética actual.
Por si fuera poco, también ha desarrollado ilustraciones con misterios a resolver por su audiencia, pequeños videojuegos sociales y fanzines y carteles, sobre todo para álbumes de hip hop, que comparte en redes sociales bajo el perfil de Zenekezene.

Van Gogh con el mismo chándal que vestía Flavor Fav en ‘Public Enemy’.
Un camino decidido de antemano
“Si mi madre me hubiera dicho que nací con un lápiz en la mano, es probable que le hubiese creído”, enfatiza Villar. Y es que, el artista viene de una familia repleta de ellos. Tuvo alguna que otra bronca con los empleados de la limpieza de su colegio, porque dejaba unos dibujos en el pupitre tediosos de limpiar, “no podía evitarlo”. No obstante, cree que los márgenes en blanco de los libros de texto fueron su auténtica escuela de dibujo, eso y los cómics.
En cuanto a la programación, la descubrió en su adolescencia, porque le picó el gusanillo de crear videojuegos. Aunque, en realidad, era todo una excusa para ver cobrar vida a sus dibujos. “De esta manera descubrí mi segunda pasión, la tecnología, más concretamente, el desarrollo de software, y con el tiempo concluí que la manera de diferenciarse era combinar ambas pasiones: ilustración y tecnología”, detalla el creador.
Interactividad y tecnología en constante evolución
A medio plazo, algo ronda por la cabeza de Héctor Villar. Con la premisa de que la pintura siempre ha sido algo estático, pues los cuadros que tenemos en casa no se mueven, no reaccionan y no están vivos, el artista tiene la intención de “llevar la ilustración a otra parte”.
Está tanteando la posibilidad de sacar cuadros interactivos que reaccionen con el entorno de casa, los sonidos de alrededor, la música, el clima, las manos, la voz del espectador... “Imagínate resolver un misterio en forma de ilustración interactiva y desbloquear la siguiente obra en el mismo marco, tendrías un cuadro nuevo cada vez que resuelvas el puzzle, ideal para visitas o para los más peques (y no tan peques) de la casa. Función y forma: decoración y exploración, dos en uno”, sugiere Villar.

'Retrato' de Héctor Villar.
Respecto al largo plazo, afirma: “Llevo unos doce años trabajando por cumplir el sueño de alguien que no soy, es decir, trabajando por cuenta ajena”. Y es que la etapa de su vida en la que está le grita “cada vez más fuerte al oído” que deje su trabajo de desarrollador web y que pelee por dedicarse al arte y a la tecnología por completo de forma independiente. “Me veo fundando un estudio con un pequeño equipo multidisciplinar sacando proyectos interactivos y experienciales para grandes marcas. Pégame un toque dentro de diez años, te contaré si lo he conseguido”, concluye el barakaldarra.
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El reto de conectar como artista en la era de la atención fugaz
El ilustrador explica cómo la cantidad abusiva de información nos transforma a un cerebro ‘popcorn’
Héctor Villar se consideraría “un necio” si negara que las redes sociales le han ayudado a dar a conocer su trabajo. Él aprendió en foros, los antecesores de las mismas, pero estos eran más pausados, por lo que había más espacio para el pensamiento crítico y el intercambio de ideas. “Las de ahora están diseñadas para retenernos el mayor tiempo posible, nuestra atención es su negocio. Hay además poco espacio para la ilustración digital como tal, el algoritmo premia los reels, los vídeos y el contenido de consumo frenético. La era de publicar tu dibujo y ya está se acabó hace tiempo”, explica el barakaldarra.
Respecto a qué sería de su día a día sin ellas, bromea con que “probablemente tendría una vida mejor”. Considera que pese a que son el escaparate hacia el mundo y recibe trabajos y pedidos por ahí, tiene un sentimiento agridulce con ellas. A veces echa de menos su cerebro pre-internet, “sin tanta hiperconectividad, FOMO y ansiedad”. Cree fervientemente que nuestra capacidad de atención se ha desplomado en los últimos años a los 8 segundos, porque exponemos a nuestro cerebro a cantidades abusivas de información que no conseguimos procesar, lo que se conoce como cerebro popcorn.
Seguidores
Pese a que contando todas sus redes Héctor Villar aglutina 7.000 seguidores, considera que no son muchos, pero que tampoco es algo que le obsesione. Cree que el número de seguidores es “una métrica vanidosa” que no habla necesariamente de la calidad del trabajo o de su impacto. “Como diría un rapero de la margen izquierda de Ezkerraldea, Lindano, uno de los mejores letristas de este país: ‘No debes tensar con retweets o dislikes porque esa mierda no es vara para medirme’. Supongo que estoy en esas”, concluye el barakaldarra.
Eso también le afecta a la hora de comunicarse como artista. “Si no cuentas una historia con la que conectes emocionalmente con tu audiencia, y además, les enganches en los primeros dos segundos, ciao, scroll down (adiós, deslizar) y a otra cosa, pasas a ser invisible. Aún estoy aprendiendo cómo hacerlo sin caer en frivolidades o sin devaluar mi obra”, concluye.
Ciclos constantes de inspiración y bloqueos
Héctor Villar empezó dibujando monos en una startup. Dibujó unos 30 primates de diferentes razas para una experiencia gamificada de un portal de e-learning. Monos tití, chimpancés, bonobos, gorilas, babuinos… “Mi primer trabajo y me pagaban por dibujar a tiempo completo, no podía creérmelo, me lo pasé genial. Si alguien me preguntaba en ese momento de qué trabajaba, yo le contestaba que de pintamonas, no estaba alejado de la realidad”, bromea el artista barakaldarra.

'Asesinato'.
La obra de la que más orgulloso está es de Ciclos, una ilustración digital que pintó después de un parón de seis meses sin dibujar absolutamente nada. “Pasé una racha de bloqueo creativo y probablemente emocional, desempleado y sin inspiración. Los procesos creativos a veces tienen estas cosas. Creo que es mi mejor obra, habla sobre las etapas vitales a las que nos enfrentamos con el paso del tiempo y de cómo la vida es un ciclo constante de aprendizaje, amor, dolor y superación. En parte, también estaba hablando de mí”, relata Villar.

'Ciclos'.
Un llamamiento a la ética frente al auge de la IA en la ilustración
Como consejo, Héctor Villar comenta que es importante no dejarse desalentar por el auge de la generación de imágenes de IA, pues en sus palabras, los cimientos de esta tecnología están fundamentados en un robo y plagio deliberado de la obra de miles de artistas de todo el mundo, que entrenan sus modelos a toda prisa y se saltan cualquier tipo de autoría y propiedad intelectual.