Iker Salaberria nunca se ha cruzado con Unai Laso en las lizas individuales en el campo profesional. “Recuerdo que hemos jugado un partido a parejas, pero nada más”, evoca el navarro. Después de remontar a Darío un 12-6 en la previa de Aspe y llevarse el gato al agua por 16-22, apunta este sábado al de Bizkarreta-Gerendiain en el frontón Bizkaia de Bilbao para tratar de meterse en la liguilla de cuartos de final del Cuatro y Medio por segundo año consecutivo (17.15 horas).
Se enfrenta a Unai Laso en el Bizkaia de Bilbao, un hueso duro de roer.
—Es uno de los mejores pelotari del cuadro. Ha demostrado que en el Cuatro y Medio tiene un gran nivel. Es muy completo. Es una eliminatoria muy complicada, pero a la vez es una prueba para demostrar si puedo estar compitiendo contra esos pelotaris. No vamos a descubrir qué tipo de manista es Unai a estas alturas. Tiene pocas fisuras. Por mi parte, en las últimas semanas me estoy sintiendo bien entrenando. Me agarro a esas buenas sensaciones. Eso sí, auguro un partido complicado. Laso le mete ritmo y yo soy distinto. No le doy tanta velocidad, pero tengo otras armas.
Entre ellas, están el gen competitivo y la raza.
—Siempre he sido así. No sé si será por ser navarro. En ocasiones, también ha sido contraproducente, porque me he metido demasiada presión. Aun así, si estoy aquí es porque he sido autoexigente. Para ser mejor pelotari que ayer hace falta esa competitividad y autoexigencia.
La autoexigencia
Uno aprende a canalizar esas sensaciones, ¿no?
—Indudablemente. Uno tiene que ser consciente de la realidad y de lo que uno es y puede ser. Tengo claro que no voy a ganar trece txapelas. Hay que saber cuánto juegas y cuánto juegan los contrarios; sin embargo, la autoexigencia es algo que te pide el propio trabajo diario. Todos los pelotaris compiten por un puesto. A mí nadie me ha regalado nada para llegar al Cuatro y Medio de Primera. Me lo he ganado trabajando.
Aun así, nadie le regaló nada para debutar ni para ocupar el hueco que ocupa actualmente en la mano.
—Es algo que me ha venido bien para endurecerme y descubrir cómo es la vida. Así han venido las cosas y las acepto. Esas circunstancias me han fortalecido. Estoy donde estoy gracias a ello. No creo que haya que dar todo fácil al deportista. Hay que encontrar un equilibrio. De todos modos, siempre me he sentido un privilegiado tanto en aficionados como en profesionales. No me puedo quejar.
¿Qué le parece el frontón de Bilbao?
—Me gusta. No he jugado nunca ahí en las modalidades individuales.