En directo
11:00 - 13:00
Vida y estilo

"En Kenia jugábamos a ser Dios, decidíamos quién vivía y quién no"

Tras más de una década de trabajo en Etiopía, Uganda y Kenia, el fundador de la ONG Amigos Solidarios reflexiona sobre su legado y el impacto de su labor, mientras la organización sigue adelante
Javier Colomo.
Javier Colomo. / Cedida

El tolosarra Javier Colomo, de 62 años, fundó la ONG Amigos Solidarios de Donostia en 2011, con la que ha realizado distintas acciones (en educación, infancia e infraestructuras) en Etiopía, Uganda y Kenia. El lema de la entidad es “personas que ayudan a personas” y así fue como empezó todo: con un hombre empeñado en tejer alianzas para poder mejorar la situación sobre el terreno. Hace dos años, Colomo se desvinculó de la entidad porque su ciclo, dice en esta entrevista, se había “agotado”. Amigos Solidarios sigue con su actividad en distintas poblaciones de Uganda y Kenia.

Usted ha dicho que “la cooperación es el mayor fracaso de la historia”. ¿No exagera?

-La cooperación no se puede medir en términos de rentabilidad y de beneficio económico, pero sí desde un prisma social y de mejora de la sociedad. ¿Cuántos cientos de miles de millones habremos gastado hasta ahora en mejorar la situación del mundo? ¿Y cómo está la gente? Ha sido un fracaso. Los primeros interesados en que la situación no se arregle son los países de Occidente, que, para empezar, prefieren tratar con dictaduras porque son más fáciles de corromper que las democracias y hacer así negocio con ellas. 

Con este discurso no le habrá resultado fácil hacer amigos en este sector…

-No me metí en esto para hacer amigos. En una charla en Teledonosti con dos oenegés grandes, muy potentes, toda la conversación se articuló en torno a si somos más solidarios en Navidad. Fui el único de los tres que dijo que no. Yo hablo claro. Lo que dije es que practicamos la caridad, que no es lo mismo. La cooperación requiere un proceso a lo largo del tiempo para responder a unas necesidades determinadas. La caridad termina justo en el momento en la que la ejercemos. Y además lo hacemos para dar una imagen concreta de cara al exterior o por vergüenza. Cuando te levantas de la mesa el día de Reyes se acabó la caridad.

Habla claro, como dice, y sin pelos en la lengua.

-La diferencia es que nunca he vivido de esto. Mi lucha ha consistido en tratar de conseguir dinero para poder desarrollar los proyectos. Yo me pagaba los viajes, la estancia, todos mis gastos personales. Para los cooperantes profesionales este es su sustento y no pueden incomodar a la sociedad ni a las instituciones. Yo, en cambio, no tenía nada que perder. En una conferencia, antes de subir al atril, me dijeron que fuera ‘suave’ y que no soltara todo lo que pensaba ante la gente. Lo hice hasta cierto punto. No puedo traicionar a la gente que conozco. No puedo traicionar y manipular su dignidad. Nunca he permitido que les saquen fotos a niños moribundos para dar pena y conseguir fondos. Esa no puede ser la labor de una ONG, sino de los periodistas y reporteros. 

¿Le parece mal que la gente se gane la vida por trabajar en una ONG?

-No estoy en contra de que la gente cobre por su trabajo, sino de las ingentes cantidades de dinero que perciben algunos dirigentes en el ámbito de la cooperación. Porque al final es una cantidad económica que no llega a aquellos que dicen ayudar y, además, contradice sus ideales. Tienen que percibir un salario digno, no una millonada. Para ganar mucho dinero está la empresa privada, que me podrá parecer más o menos ético, pero tienen ánimo de lucro y se mueven por dinero. 

Según algunas estimaciones, un directivo de una ONG gana en el Estado una media de 28.000 euros.

-Me parece poco. Hablo de otras cantidades. Hay una imagen que se me quedó grabada en uno de los primeros viajes que hice a Etiopía. Llegamos a un hotel para tomarnos un chocolate y descansar un rato. Era un Hilton o una de estas grandes cadenas hoteleras en las que solo entran los blancos, porque son los que tienen la capacidad económica para pagar el alojamiento. Al ver el parking, me fijé que estaba lleno de coches de Naciones Unidas. Es un dinero tirado por la borda que no llega a su destino. Una vez alguien me dijo que me quería acompañar en uno de mis viajes a África. Quería que le pagase los billetes de avión y la estancia. Le dije que no: con todo ese dinero yo pagaba el mobiliario entero de un colegio con pupitres.

 También dice que en el primer mundo somos “muy cínicos”.

-¿Cuántos escalones estamos dispuestos a bajar para que otros suban unos cuántos? El mundo es una balanza. Queremos una sociedad más justa y sostenible ¿pero quién va a pagar por unas camisetas del grupo Inditex 22,50 euros en lugar de 9,99? ¿Por qué no nos hemos quedado en el Iphone 5 si se está explotando a niños en El Congo, trabajando en condiciones infrahumanas, para extraer coltán de los móviles?

¿Qué es lo más duro que ha visto en África?

-En Kenia jugábamos a ser Dios, porque decidíamos quién vivía y quién no. Si atender a un niño me cuesta 25 euros al mes, pero esa cantidad me permitiría alimentar a otros 40, no me quedaba otra opción que dejar que el primero muriese. La gente me dice: ‘Eso es una barbaridad’. ‘Vale, ¿me vas a dar los 25 euros mensuales? No, ¿verdad?’. Las he visto de todos los colores, pero no hay nada más cruel que ver morir de hambre a la gente. Es muy triste. Es una muerte a cámara lenta: sabes que esas personas se van a morir, solo es cuestión de tiempo. Recuerdo una vez, en la provincia de Turkana, al norte de Kenia, que logramos reunir unos packs mínimos de supervivencia de un mes para los ancianos del lugar. Un poco de comida y jabón por un valor de 12 euros. Hablamos con una mujer y le preguntamos cuántas veces comían al día. No nos entendía o eso pensábamos. Le repetimos la pregunta. Nada. Hasta que llegamos a la conclusión de que comían una vez cada dos días. 

¿De qué se siente más orgulloso?

-Del conjunto. No hay nada en concreto de lo que me enorgullezca. Es todo. Hace muchísimos años un entrenador me dijo que lo más probable era que no ganara ninguna carrera. Pero, con la cooperación, como cuando entrenaba, sentía que tenía que intentarlo de todas maneras. Cuando volví del primer viaje que hice a Uganda ya había adquirido un compromiso. Pero estaba yo solo, así que empecé a tirar de amigos. De ahí vino el nombre. Lo más complicado siempre ha sido conseguir la financiación. ¿Quién va a querer ayudarme y aportar dinero? ¿Quién me va a creer? 

Se desvinculó de la organización hace dos años. Ni siquiera es socio. ¿Qué ha pasado?

-Estaba cansado y me faltaba ilusión. La búsqueda de financiación es muy desagradable y compaginaba mi vida personal con la organización. No he tenido vacaciones ni he pasado unas Navidades en casa. Mi ciclo estaba agotado y quería cerrar esta etapa por completo. Soy muy simple. Solo tengo dos posiciones: cero o uno. Todo o nada. Así que me he desvinculado completamente. El tiempo ha demostrado que acerté porque no he tenido síntoma de abstinencia.

¿Se le ha quedado alguna espinita clavada?

-Ninguna. Hay ideas de proyectos y cosas que se quedan en el tintero, pero hubiera sido igual en 10 o 15 años.

¿Cómo es volver a tener los dos pies en Donostia?

-Antes me pasaba 24 horas dándole vueltas a la cabeza y ahora estoy tranquilo y tengo tiempo para mí. Me he quitado una responsabilidad de encima. He sacado dos grandes conclusiones. La primera, que tenemos una suerte de puta madre de vivir en esta cara del mundo. Aquí no te vas a morir de hambre. No vamos a llegar a los límites de pobreza que he visto en África ni esforzándonos. Otro gran aprendizaje es que las cosas buenas de la vida están en las cosas sencillas. Un atardecer, leer un libro, sentarte tranquilamente en una cafetería... Si no sabes disfrutar de todo esto, no vas a ser feliz nunca.

Ha sido dos veces subcampeón del mundo de maratón (+40, +45). ¿La solución a la pobreza extrema es una carrera a largo plazo o no tiene remedio?

-No tiene solución. A los grandes poderes no les interesa. Para que una parte del mundo sea muy rica, otra debe ser muy pobre. Es así.

2025-03-06T15:00:07+01:00
En directo
11:00 - 13:00
Onda Vasca con Kike Alonso
11:00 13:00
En directo
11:00 - 13:00
11:00 13:00
688 854 852