La robótica está presente en el día a día de muchos hogares. Los aspiradores inteligentes son uno de los robots más populares; otros nos ayudan a cocinar, nos hacen compañía y nos entretienen o, incluso, contribuyen a una mayor seguridad del hogar. Desde hace años, además, la domótica permite automatizar el funcionamiento de persianas, luces, calefacción o aire acondicionado, con el consiguiente ahorro energético.
Además de esta aplicación a las tareas domésticas, los robots se han incorporado a la actividad de sectores profesionales como la industria, la medicina o la educación. Los operarios se han acostumbrado a convivir con ellos como compañeros de trabajo pero, ¿estarían realmente dispuestos a aceptarlos como sus jefes?
Estudio sobre jefes humanos o robots
Un reciente estudio de la Universidad SWPS de Varsovia (Polonia), que lleva por título Comparing obedience and efficiency in tedious task performance under human and humanoid robot supervision, aborda hasta qué punto los trabajadores estarían dispuestos a aceptar a un robot como una figura de autoridad.
El experimento, publicado en la revista académica Cognition Technology & Work, comparó cómo se comportaban los trabajadores bajo la dirección de un humano y cómo actuaban si su superior era un robot.
Eficiencia
A la hora de valorar la eficiencia en el trabajo, el estudio apreció que los trabajadores tardaban un 37% más de tiempo en completar sus tareas cuando eran supervisados por una máquina, lo que demuestra que automatizar el liderazgo en las empresas no es siempre garantía de una mayor eficiencia.
Productividad
La investigación atribuye esta menor productividad de los trabajadores a la percepción que tienen de la autoridad del robot. Aunque las máquinas pueden emitir órdenes, los empleados muestran una menor confianza en sus decisiones que cuando se trata de jefes humanos.

Dos operarios junto a un brazo robótico en una industria.
Obediencia
Otro de los aspectos relevantes que se desprende de este estudio es el de la obediencia. Si el jefe era un humano, el 75% de los trabajadores seguía las instrucciones, mientras que si era un robot, el porcentaje descendía hasta el 63%.
A este respecto, al igual que en el caso de la productividad, el estudio vuelve a atribuir la causa de este comportamiento a la autoridad que el trabajador aprecia en el robot. Los empleados consideran que las máquinas pueden dar órdenes pero, a la hora de obedecerles, sus decisiones no despiertan la misma confianza que las adoptadas por humanos.
Comunicación
En cuanto a la comunicación, de la investigación se desprende que el hecho de que los robots no tengan empatía, como se le presupone a un buen jefe humano, puede dificultar la conexión con los trabajadores y esa falta de interacción puede causar desmotivación, así como un menor interés y un menor compromiso del personal con las tareas asignadas.
La importancia del aspecto físico
El estudio presta también atención a la forma en la que el aspecto físico de los robots influye en los trabajadores. Los expertos llegan a la conclusión de que cuanto más se parecen estas máquinas a una persona, más confianza despiertan.
Sin embargo, su apariencia tampoco debe ser excesivamente realista, puesto que en ese caso pueden provocar cierta incomodidad, rechazo y desconfianza. A este fenómeno se le conoce como valle inquietante.
Colaboración frente a sustitución
Así, este estudio de la Universidad SWPS destaca la importancia del jefe humano en el trabajo frente al robótico. Concluye que, aunque la tecnología resulta muy útil en el ámbito laboral, hay ciertas cualidades humanas como la empatía, la motivación o la confianza que siguen siendo fundamentales y que difícilmente pueden ser sustituidas por máquinas.
Parece que el futuro puede estar más enfocado a una colaboración entre ambos que a la sustitución de uno por otro.