Euskadi, al igual que Europa, se encuentra en una coyuntura en la que se acrecenta la necesidad de mejorar la eficiencia en el reciclaje, como forma de reducir la dependencia de importaciones de materiales esenciales desde terceros países, así como de lograr una estrategia energética robusta que impulse la producción de energías renovables. Un desafío que venía ya marcado por la lucha contra el cambio climático, pero que debe cobrar un renovado impulso debido a una coyuntura internacional cada vez más incierta. El director general de Economía Circular de Ihobe, José María Fernández, reflexiona en esta entrevista sobre las ventajas competitivas que puede traer la economía circular a la empresa vasca. El objetivo es que todo ese proceso hacia una economía más sostenible se ejecute sin que afecte a las cuentas de la industria. Euskadi ya ha reducido un 33% sus emisiones de gases de efecto invernadero desde 2005, pero el reto ahora es acelerar la implantación de tecnologías limpias y la descarbonización en la industria, lo que afectará tanto a grandes empresas como a pymes.
¿Cómo podríamos definir la economía circular?
—De forma resumida, es la manera en la que somos capaces de mejorar la eficiencia en el uso de los recursos. Vivimos en un mundo en el que ca vez se extraen más recursos naturales, que son finitos, y eso es una situación insostenible para el planeta. ¿Podemos utilizar los materiales que cada vez son más escasos de una manera más eficiente? A partir de ese punto, surgen todo tipo de ámbitos de trabajo. Además, la clave es ser capaces de hacer eso manteniendo la competitividad de las empresas.
De la economía circular ya se hablaba antes de que la pandemia pusiese sobre la mesa el problema que implica la interrupción de la cadena de suministros y el encarecimiento de las materias primas. Sin embargo, parece que la guerra en Ucrania, junto con el retroceso en la globalización tal y como la habíamos conocido hasta ahora, representa un acicate no deseado para empujar de forma urgente la circularidad en la economía.
—Creo que la ruptura de las cadenas de suministro que se produjo en pandemia nos demostró la urgencia de actuar. Efectivamente, Europa empezó a hablar de economía circular antes de la pandemia, y lo que se apreció durante la crisis sanitaria es que somos mucho más vulnerables de lo que creíamos: no tenemos esas materias primas necesarias y además la volatilidad de los precios nos hace daño. El informe Draghi también nos ha demostrado que mantener el diseño de un producto en Europa pero externalizar su fabricación hacia otros países de fuera del bloque comunitarios aumenta esta vulnerabilidad. Hay un concepto claro por reindustrializar Europa, y nuestra línea en Euskadi es precisamente contar con más industria, pero también mejor industria. Para ello, contaremos con elementos como la circularidad y la descarbonización, que van de la mano. Si hacemos un uso más eficiente de los recursos mejoraremos la sostenibilidad. La lucha contra el cambio climático y la reducción de emisiones son dos retos importantes.
¿Hasta qué punto es dependiente la CAV de las energías fósiles y de la importación de materias primas?
—Somos una economía eminentemente industrial, y por ello nuestro desarrollo ha estado basado en el consumo de materiales. Euskadi procesa cada año 56 millones de toneladas de recursos. De esa cifra, el 70% nos viene del exterior. Es decir, que la dependencia de la importación de materias primas en fundamental para la economía. La circularidad es una oportunidad de proteger a nuestras empresas y de contribuir a su competitividad, además de una vía de mantener una mejor relación con el planeta.
Muchas empresas, sobre todo las pymes, están afrontando problemas en sus cuentas cotidianas debido a la inflación y los costes, problemas a los que se suma ahora una crisis en el comercio internacional. Sin embargo, el tejido empresarial realiza esfuerzos continuos por adaptar su actividad a una visión sostenible. ¿Perciben que las empresas vascas están dando prioridad a este enfoque? ¿Hay riesgo de que quede aparcado por la actual coyuntura?
—La sostenibilidad ya no es una cuestión accesoria para las empresas. La regulación y la fiscalidad tienen que estar favoreciendo la circularidad. La agenda europea persigue cambiar las reglas del juego para que las empresas que están siendo más sostenibles en su actividad sean también más competitivas. Eso se logra también con mecanismos como la responsabilidad ampliada del productor, la regla por la cual la empresa que contamina paga. Esta regulación se puede hacer en un contexto europeo, pero también hay que hacerlo en uno global. No puede ser que en Europa apoyemos la reducción de emisiones en la fabricación de acero, pero luego importemos acero sin limitaciones regulatorias. de otros entornos. En este sentido, lo que se busca es colocar en igualdad de condiciones a las empresas europeas con el resto.
Europa está liderando la carrera por la sostenibilidad y la descarbonización de la economía, pero ¿en qué medida esos esfuerzos dan fruto si otras regiones como Asia, en la que se fabrica gran parte de la producción mundial de bienes, o los propios Estados Unidos, no siguen la misma estrategia?
—No podemos permitirnos que la legislación provoque que las empresas se marchen. La Comisión Europea también propone que la regulación esté al servicio de las empresas. No debemos -y no podemos- renunciar a la agenda de la descarbonización, pero sí podemos facilitar la forma en la que las empresas operan. Se deben establecer determinados mecanismos para que las empresas de fuera no estén en mejores condiciones que las de aquí para competir.
¿Como puede impactar la economía circular en el mercado de trabajo?
—Las transiciones no pueden dejar a nadie atrás. Tenemos que ser capaces de tomar decisiones no solo con los ojos del Medio Ambiente, sino también hay que ver también otro tipo de implicaciones, como el mantenimiento de los puestos de trabajo. Se trata de hacer una transformación gradual que nos permita adaptar los modelos de negocio. Debemos ser conscientes de que las empresas van a tener que hacer una diversificación de negocios, pero el foco está en mantener nuestras industrias, que sean mejores, y desde luego que sean capaces de generar más puestos de trabajo. La convivencia es posible, y debemos ayudar a las empresas a mantener o incluso aumentar el mercado laboral. l